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| La alarma de incendio no sonó en Can Ruti |
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| lunes, 17 diciembre 2007 | |
Geli ha repetido estos últimos días que heredó edificios sanitarios en un estado precario y que su departamento ha hecho una importante inversión, 22 millones de euros en Can Ruti en los últimos tres años, para mejorar las instalaciones. Pero más allá de la inversión hay cuestiones básicas de prevención que el hospital de Badalona ha evidenciado que carecía, según reconocen diferentes expertos en esta materia consultados por este diario. Hay una regla de oro en los grandes edificios de uso público y que se conoce como la existencia de compartimentos estancos. O dicho de otra manera, crear zonas aisladas, unas de otras, en las que ni el fuego ni el humo pueden colarse. En Can Ruti las llamas del sótano alcanzaron la tercera planta, y el humo se coló hasta el piso 13. LA DETECCIÓN Si los sistemas de detección hubieran funcionado el sistema que debía cerrar automáticamente las puertas de cada una de las plantas --para aislar zonas-- también hubiera funcionado. Y si el plan de evacuación hubiera funcionado --sostienen los expertos-- algunos pacientes y familiares no se hubieran agolpado en unas escaleras a oscuras y colapsadas por el humo porque quizá hubiera sido mejor que alguien les hubiera ordenado quedarse en las zonas sin humo. Can Ruti fue construido antes de 1982, cuando entró en vigor la primera norma estatal de obligado cumplimiento en materia de prevención de incendios. Como otras, no tenía carácter retroactivo, pero cualquier reforma que se haya hecho en el hospital sí que ha tenido que tener en cuenta las sucesivas normativas. La última entró en vigor en marzo del 2007. Una de las normas es que las instalaciones eléctricas sean de un material insensible al fuego y, en caso de arder, cada dos plantas haya un aislamiento que impedirá el paso de las llamas. Es cierto, como insistió el viernes el gerente de Can Ruti, Enric Argelagués, que el hospital tiene licencia de actividad, porque los técnicos que lo han inspeccionado han dado su visto bueno. Pero la normativa y el sentido común dicen que los pasillos que hacen la función de corta fuegos no pueden convertirse en almacenes de material inflamable. El viernes uno de esos pasillos acumulaba, dos días después del incendio, decenas de bobinas de papel. Si el plan de emergencias funcionó, se preguntan los trabajadores, cuesta entender como las cuatro enfermeras y los dos auxiliares que atendían a los ocho enfermos que el miércoles estaban ingresados en la unidad de coronaría, no recibieron ninguna orden de lo que tenían que hacer ni de lo que estaba pasando. Como en otras unidades, el humo salía por los fluorescentes y en pocos minutos el aire era irrespirable. Acudieron en su ayuda otros trabajadores que arrastraron una a una las camas con los enfermos hasta refugiarlos en una zona de quirófanos FUENTE: http://www.elperiodico.com |